Huertos urbanos: Un aprendizaje colectivo para cambiar las ciudades

• Desde hace ocho años el Huerto Urbano Comunitario de Adelfas, en Madrid, reúne a vecinos y vecinas del barrio para practicar en común la agroecología, romper con el ritmo frenético y disfrutar de un ocio diferente al consumismo propio de las ciudades.

• Actualmente vivimos un auge de esta tendencia verde que está transformando las ciudades de toda España: hemos pasado de tener 1.000 huertos urbanos en el 2000 a más de 15.000 en la actualidad.

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Escondido entre altos edificios de ladrillo, rodeado del asfalto de la gran ciudad, nació por iniciativa vecinal en 2010 un pequeño huerto sobre un solar abandonado junto a las vías del tren de Méndez Álvaro. Cuatro años más tarde, tras un proceso de negociación con el Ayuntamiento para la regularización de los espacios de agricultura en la ciudad y la creación de la red de huertos, consiguieron que se les cediera una parcela verde justo en la acera de enfrente. Así surgió uno de los primeros huertos urbanos regularizados de Madrid: el huerto comunitario de Adelfas. Hoy reúne a decenas de vecinos que comparten su tiempo en contacto con la tierra, aprendiendo entre todos y todas a desarrollar el cultivo ecológico y a mejorar sus hábitos de vida.

En su origen fueron unas 15 personas las que, desde una asociación de vecinos del barrio, decidieron impulsar esta iniciativa. En la nueva parcela cedida por el Ayuntamiento crearon los bancales, el sistema de distribución, el riego por goteo, quitaron la tierra mala, la llenaron de buena y empezaron a cultivar… Actualmente, Kois y Luis son los únicos vecinos que todavía quedan de los cofundadores originales. Hablamos con ellos sobre sus inicios y sobre el papel de los huertos urbanos en las ciudades. También con Virginia, quien se sumó hace unos meses para ayudar a montar una estructura que diera sombra en verano, y desde entonces, acude semanalmente con su hija Violeta para participar y disfrutar del huerto.

¿Por qué son necesarios estos espacios?

Huerto Adelfas 5Luis: Todo lo que en una ciudad cambie el cemento, el asfalto, la contaminación, los coches… yo creo que es muy positivo para la propia ciudad. Además, el huerto en sí te premia con sus frutos al recolectar, eso es muy gratificante para los vecinos y vecinas de las urbes que están siempre estresados.

Kois: A nosotros nos gusta decir que el huerto cumple varias funciones sociales y medioambientales diferentes. Hace de espacio de encuentro; un espacio social al aire libre, no solo para la gente del huerto, sino también para otras asociaciones y entidades del barrio que pueden utilizarlo en ocasiones puntuales. Cumple también una función dentro de la educación ambiental colaborando con colegios del barrio, y además nos permite abordar el tema del funcionamiento del sistema agroalimentario industrial, la soberanía alimentaria y todas las implicaciones que tiene.

Virginia: El huerto fomenta una serie de valores que, en esta vorágine en la que vivimos, nos enseña mucho más que el tener que ser productivos o consumir continuamente. Me parece muy revolucionario porque va totalmente en contra de los valores que esta sociedad capitalista y violenta quiere imponernos; el apoyo mutuo, la comunicación, el realizar un trabajo para todas y todos sin un fin económico, la emancipación, el “yo me veo capaz” …

¿Cómo se lleva a cabo esto?

Huerto Adelfas 15Kois: Fomentamos la agroecología a través del propio huerto principalmente. Es muy pedagógico para la gente que se acerca porque permite experimentar en primera persona muchas cuestiones en relación a la producción de alimentos; qué es la agricultura ecológica, por qué es necesario utilizar o no abonos químicos, pesticidas… cuestiones de este tipo. Además, tratamos el conocimiento de la estacionalidad, la temporada, las conservas… Muchas cosas prácticas que son muy pedagógicas en sí mismas. Luego hemos hecho cursos y talleres concretos como el de las conservas, o más en relación al funcionamiento agronómico del huerto; rotación de plantas, asociaciones de cultivos, el tema del compost… Hacemos todas estas cosas porque, la verdad, ninguno sabíamos de esto antes de empezar. Lo que sabemos lo hemos aprendido aquí.

¿Cómo os gestionáis para que el huerto funcione?

Virginia: Cada cierto tiempo se convoca una asamblea en la que se habla de lo que se tiene que ir haciendo; qué se va a plantar, cómo se van a distribuir los bancales… las diversas cosas que surjan. Además, hay un grupo de WhatsApp en el que también se cuelgan cosas y ayuda a organizarnos.

Luis: Aprendemos un poco entre todos y todas. Yo por ejemplo cuando vine no tenía ni idea. He nacido en la capital, soy de ciudad, y nunca había estado en contacto con huertos. Para mí era todo un universo. Es verdad que al principio se vincularon mucho algunas personas, sobre todo los mayores, con una experiencia vivida fuera de la capital, en pueblos… Ahí es de donde, yo al menos, adquirí muchos de los conocimientos. Luego también se han incorporado algunas personas que están estudiando en la universidad el tema de la agricultura ecológica, aunque sobre todo fueron los mayores.

¿Cómo un huerto hace de red entre personas tan diferentes?

Huerto Adelfas 7Kois: Un tipo decía que “la agricultura y el contacto con la tierra, abuena a la gente”. Y es verdad, aquí toda la gente que viene tiene esa vocación de entenderse. Se crea una dinámica en este espacio muy colectiva, muy comunitaria… que genera una forma de hacer las cosas que facilita que la gente nueva se enganche. Hay una persona sordomuda con la que hemos aprendido a chapurrear 4 palabras para reírnos con él en lenguaje de signos, aunque él también hace muchos esfuerzos por entenderse. Con la familia china, por ejemplo, los adultos no hablan nada de castellano, y bueno, nos tratamos a través de gestos, e incluso a veces con un móvil muy moderno que tienen que traduce cosas.

Hablamos de la idea de la biodiversidad. La diversidad biológica de la naturaleza; las interacciones entre especies… eso es síntoma de salud para un ecosistema. Pues para un espacio urbano como este huerto, que haya diversidad de personas con intereses diferentes y se permita que todo esto conviva armónicamente, es lo que le da riqueza.

¿Qué os aporta personalmente participar en algo así?

Luis: A mí me aporta el poder poner en común, trabajar un espacio en el que no tengas un jefe, tampoco un compromiso firme, y un espacio en el que puedes errar y volver a construir. Es un ocio distinto al que estamos acostumbrados como el consumo. Aquí eso no existe, es al revés. Tú generas y creas los bienes, aportas y encima ayudas al medio ambiente. Todo eso es valiosísimo.

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Virginia: A mí me aporta felicidad. Cuando voy estoy muy contenta. Siempre he sido una persona que se ha preocupado mucho por el impacto que nuestras acciones tienen sobre el medio ambiente, y por la deshumanización de la sociedad. Aquí eso no está; hay calor y cariño entre la gente, el contacto con las plantas… Es muy bonito lo que se comparte con los compañeros y compañeras. A mí me ha empoderado mucho. Ahora me veo capaz de poder autogestionarme, ser independiente alimentariamente…

¿Han cambiado vuestros hábitos de consumo?

Luis: En mi caso, algo sí han cambiado. Yo antes lo verde… huía de ello. Prefería todo comida rápida y procesada. Ahora me asombra una buena ensalada.

Kois: Cuando montamos el huerto, empezamos a la vez la primera cooperativa de consumo en el barrio y montamos el primer grupo de consumo ecológico en el Centro Social Seco. Yo personalmente sí cambié bastante de hábitos. Fue un proceso simultáneo. Por su relación hay bastante gente del huerto que también está en el grupo de consumo. Hace un poco de tobogán en ambos sentidos.

Huerto Adelfas 17Virginia: Yo también venía del grupo de consumo. La verdad que sí que cambian tus hábitos de alimentación, de consumo y de vida. Es una sensación preciosa pasar una tardecita en el huerto y llevarte para la cena unos tomates o unas berenjenas que hemos plantado, cuidado, visto crecer… “Y están muy ricas”, recalca su hija Violeta, quien acompaña a Virginia muchos días en el huerto.

¿Por qué crees que son importantes para los niños y niñas? ¿Cómo lo vive Violeta?

Virginia: Se lo pasa muy bien y aprende unos valores que van más allá de un disfrute asociados al consumo. Encuentran su modo de divertirse ya sea con palitos, jugando con la tierra, plantando algo… Criar niños y niñas en las ciudades es tremendo, parece que tienen que estar constantemente estimulado/as, que no se pueden aburrir… Para mí el “superplan” de un domingo no es ir al parque de atracciones con ella, es llevarla al huerto y ver cómo se esparce, se lo pasa fenomenal y se llena de tierra… Es una experiencia maravillosa en mi vida.

¿Cómo ha sido la relación con el resto de huertos de la ciudad?

Mapa Red de Huertos Urbanos MadridKois: La red de huertos nació también en torno al 2010, cuando se empezaron a ocupar parcelas, crear huertos en los barrios, y surge la necesidad de coordinarlos, de montar una interlocución con el ayuntamiento para evitar los desalojos y buscar fórmulas para legalizarlos. Entre el movimiento vecinal y la red de huertos, se consiguió organizar este proceso. Desde entonces se gestiona a través de reuniones mensuales en las que se coordinan entre 15 y 20 huertos urbanos. Ha sido uno de los factores clave para conseguir este cambio en la ciudad. Partiendo desde experiencias muy pequeñas en distintos lugares muy alegales, se ha conseguido que sean prácticas con un premio de Naciones Unidas y que incluso desde el anterior ayuntamiento, se hayan visto obligados a legalizar los primeros huertos comunitarios. Ahora mismo ya hay un programa que es la “política pública estrella” que llevan a todos los congresos; el Programa de Huertos Comunitarios, que al final del año tendrá como 60 huertos. Un logro ciudadano muy importante de la ciudad.

¿Cómo pensáis que será en el futuro?

Huerto Adelfas 10Luis: No podemos adivinar lo que va a pasar, sí estaría bien que algún día se empiece a contemplar la necesidad de los huertos como otro elemento urbanístico indispensable más entre las construcciones de las ciudades.

Koix: Esa es unas de nuestras reivindicaciones. El normalizar dentro de la planificación urbanística la incorporación de espacios de agricultura urbana; ya sean huertos comunitarios u otras fórmulas como huertos sociales, para personas en paro, huertos productivos, huertos en azoteas vinculados a la vivienda pública… ese yo creo que es el futuro de Madrid. Se pueden ensayar un montón de fórmulas para producir más alimentos dentro de la ciudad, asumiendo que esto no nos va a dar de comer, pero hay que replantearse la relación campo-ciudad y convertir la agricultura urbana en una pieza en la construcción de sistemas alimentarios más locales y sostenibles.

Todavía hay mucho camino por recorrer, como incluso, empezar a hablar de incluir gallineros, o espacios de compostaje comunitario… En definitiva, otras formas de entender nuestra relación con las ciudades y, por tanto, otra forma de que la ciudadanía las habite.

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De 1.000 huertos urbanos en el año 2000 a más de 15.000 en la actualidad, según un sondeo realizado por la consultora Gea21 (Grupo de Estudios y Alternativas) sobre la agricultura ecológica en España. Solo en Madrid hay unos 60 recintos dispuestos para la agricultura urbana, siendo la ciudad que más tiene seguida de Barcelona, Sevilla y Valencia. 


El cultivo de alimentos dentro de las ciudades conlleva una serie de riesgos a causa de la contaminación; especialmente en zonas cercanas a áreas industriales, vertederos o vías muy transitadas, donde el suelo puede ser una fuente potencial de tóxicos como el plomo, el cobre o el zinc derivados del tráfico, y de productos químicos industriales o pesticidas.


La creación de un huerto debe hacerse bajo ciertos criterios y extremando las precauciones: evaluar exhaustivamente los riesgos de cada lugar, analizar los suelos, las posibles fuentes de contaminación… Otros consejos para conseguir un huerto saludable y reducir nuestra exposición serían; añadir materia orgánica, cuidar el PH del suelo, pelar los frutos antes de comerlos, quitar todas las hojas y lavarlos en profundidad para eliminar los posibles tóxicos superficiales.


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KoisKois tiene 39 años. Es sociólogo y experto internacional en soberanía alimentaria por la UNIA. Miembro desde 2009 de la cooperativa de trabajo asociado GARUA dedicada a promover la ecología social. Activista del movimiento vecinal y actualmente Responsable de Huertos Urbanos de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM). Su blog es Raices en el asfalto.


VirginiaVirginia nació en Estepona, Málaga. Tiene 45 años. Estudió ilustración y diseño, aunque actualmente trabaja como administrativa. Siempre ha estado muy concienciada sobre la necesidad de cuidar el medioambiente y a las personas, por eso trata de transmitir estos valores a su hija Violeta (6).


Luis

Luis es trabajador y defensor de la sanidad pública madrileña. Vecino de Retiro de toda la vida y está implicado en las distintas luchas vecinales.


 

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