Por una cultura de calle segura

Músicos y artistas de la calle se enfrentan a una situación crítica tras dos meses de estado de alarma. Sin respaldo económico ni social, colectivos y artistas se plantean y proponen formas seguras para poder llevar a cabo la desescalada cultural.

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Guillermo González (Guiyerbass) es un músico madrileño de 33 años que lleva 16 tocando el bajo, los tres últimos, actuando en la calle. Dadas las circunstancias del confinamiento, sin un protocolo de actuación y ningún tipo de ayuda, se ha visto en la necesidad de iniciar una desescalada cultural segura por su propia cuenta antes de conocer las nuevas prohibiciones impuestas por el Ayuntamiento de Madrid.

Con el bajo al hombro, los carteles con las normas de seguridad indicadas en el carrito, la mascarilla puesta y el hidrogel en el bolsillo, se lanzó una tarde al parque Tierno Galván temeroso pero también esperanzado: “Salgo a la calle con la intención de encontrar un modo adecuado para que los y las artistas que están viendo su forma de vida y empleo afectados negativamente, puedan encontrar el modo de retomar su actividad cumpliendo las normas de seguridad”.

El amplio anfiteatro del parque permitía el espacio suficiente para el distanciamiento social establecido. Igualmente, el músico marcó en el suelo con cinta aislante los cuadrados bien separados para evitar que la gente que paseaba o hacía ejercicio se agrupara. También sacó los carteles con las normas sanitarias y otros indicando sus redes sociales, cuentas de Paypal y bizum para que quien quisiera, pudiera apoyarle sin necesidad de usar efectivo.

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Las personas que disfrutaban del sol de la tarde sentadas tranquilamente en el césped, se sorprendieron al volver a escuchar música en directo. Y nada más acabar la primera canción, un gran aplauso y sonrisas se llevaron los miedos y penurias a los que últimamente estamos demasiado acostumbradas. Apenas 20 minutos de concierto sirvieron para saborear un poquito la nueva normalidad de la que tanto se habla. Aunque nada más acabar de tocar, un coche de la policía pasó por allí echando a la gente que estaba sentada.

Esa misma tarde al volver de la actuación, Guillermo conocía la negativa que el Ayuntamiento dio a la plataforma de músicos de calle de Madrid, La Calle Suena, que desde hace días solicitaban una reunión para elaborar conjuntamente un plan de medidas con las que devolver la cultura a las calles. Su propuesta se basaba en pequeñas actuaciones controladas según las fases de la desescalada, que apoyaran al pequeño comercio, y que ayudaran a crear un ambiente positivo transmitiendo alegría, y favoreciendo una vuelta a la normalidad lo más armoniosa posible entre vecinas, comerciantes e instituciones.

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Sin embargo, en respuesta el ayuntamiento ha decidido suspender cualquier tipo actuación en espacios públicos hasta octubre. Desde el colectivo se preguntan si los grandes centros comerciales también se mantendrán cerrados hasta entonces y lamentan la indiferencia con la que el Ayuntamiento les está tratando. “Parece que al final siempre termina siendo un problema nuestro. Y no solo se trata de nuestra propia supervivencia, la lucha tiene que ver también con que la música de calle sea valorada y cuidada como bien inmaterial de una ciudad. Necesitamos el apoyo del gobierno y que no se nos vea como un problema, sino como parte de la solución”, reclama Flor Goldstein, integrante del colectivo La Calle Suena.

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Están preocupados ante tal situación de desamparo. Los músicos de calle han sido uno de los colectivos más castigados durante esta crisis, que solo ha hecho que agravar aún más su situación. Llevan más de dos meses recluidos en sus casas sin poder actuar más allá de los streaming y directos en redes sociales. No reciben ninguna prestación económica ni respaldo social, ya que su actividad no cotiza, no está legislada, ni tampoco normalizada… Y de hecho, siguen a la espera de las autorizaciones para actuar en vías públicas que aprobó el anterior ayuntamiento, pero que nunca se llegaron a entregar.

Durante este confinamiento el arte, y en concreto la música, han ayudado a sobrellevar la situación dando ánimos y fuerzas a muchas personas en sus casas. Sin embargo, la crisis del COVID-19, ha revelado más que nunca la necesidad de conseguir un modelo que represente y proteja a todo el sector cultural, tan precarizado ya de por sí en este país… La música y el arte urbano son elementos de integración y cohesión social, que llevados a la práctica bajo las medidas adecuadas, favorecerían la vuelta a una normalidad que valiera la pena de forma segura, ayudando a quienes crean algo que tanto nos gusta y alegra.

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