Pueblos negros llenos de color

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A la espalda queda la Ciudad Encantada de Tamajón. Sus cuevas y formaciones rocosas te empiezan a  adentrar en otro mundo. De pronto el paisaje cambia drásticamente; la tierra rojiza se vuelve piedra negra y del suelo empiezan a brotar láminas alargadas de pizarra, erosionadas a lo largo de millones de años, que crean un paisaje grotesco pero hermosamente característico. La sierra norte de Guadalajara, conocida especialmente por su arquitectura negra, es idónea para aquellos que buscan disfrutar del aire puro, la naturaleza y la tranquilidad de la vida rural frente al frenesí de las ciudades.

Arq1Los pueblos negros como Campillo de Ranas, Majaelrayo, Tamajón, Valverde de los Arroyos… deben su nombre al empleo de la pizarra para los muros y cubiertas. Esta resultaba un buen protector frente al frío, además de dar ese peculiar color a sus construcciones a lo largo de todo el valle. Históricamente siempre ha sido una zona bastante aislada y despoblada debido a la propia naturaleza. Su terreno árido, difícil de cultivar o de usar como pasto, hizo en el pasado una vida extremadamente difícil para los habitantes de la Sierra. Hoy en día, aunque los fines de semana suele llenarse de turistas, muy pocas son las personas que viven en estos pueblos a diario. Apenas hay a nadie por las calles un lunes. El silencio a lo largo de las construcciones de pizarra negra recrea un ambiente casi sombrío que parece llevarte a un cuento mágico de brujas y fantasmas.

Por suerte, los encantadores lugareños nada tienen que ver con brujas ni con fantasmas. Fito, por ejemplo, se dedica a la artesanía en madera. Comenzó vendiendo en el rastro muy joven, pero eso no evitó que instalara su casa y taller desde hace 36 años en Roblelacasa, un pequeño pueblo próximo a Campillo, donde ahora tiene una tienda. Por entonces estaba prácticamente abandonado. Fueron los primeros de fuera en llegar al valle, cuando no había ni carreteras ni luz. Después de tantos años sigue sin plantearse volver: “Aquí hay mucha actividad, a veces hay más relación con gente que en Madrid”. Cada miércoles por ejemplo, acude al “cine” en casa de Álvaro y María José. Un matrimonio que, cansado del ajetreado ritmo en la ciudad (Valencia), decidió venderlo todo y comprarse una antigua casita en el pueblo negro de Majaelrayo. Techos bajos, vigas de madera, pequeñas ventanas y grandes chimeneas, como las típicas casas de la zona. Recubiertas por supuesto de pizarra negra por fuera y en su caso, de alegres colores por dentro. Después de casi 11 años, además de conocerse perfectamente el terreno, son una parte importante de la vida cultural de la zona. Como cinéfilos declarados, decidieron colocar un proyector en casa y llevan años organizando estas reuniones con otros vecinos del valle para disfrutar del séptimo arte.

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También empezaron a organizar desde el año pasado el “Certamen de Cine Ecológico de Montaña y de Viajes”, tratando de promover el cine rural alejado de las grandes salas comerciales. Su casa ha recogido desde recitales de poesía y cuentacuentos hasta obras de teatro. A esta pareja, amante de la cultura, la naturaleza y los animales, no les cuesta abrir sus puertas. Además de tener una perrita y varios gatos adoptados, llevan años hospedando a personas a través de la plataforma AirBnb, algo que, dado el aislamiento de la zona, les ha permitido conocer a gente interesante como el fotógrafo Samuel Aranda, con el que acabaron realizando una exposición. Su amabilidad, y la maravillosa mano de Mª José para la cocina, en especial para las mermeladas, habrán hecho a más de uno alargar inesperadamente su estancia.

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Respecto a la gastronomía, se puede encontrar en los diferentes pueblos restaurantes y asadores que ofrecen, según el día, platos típicos como una buena caldereta con la que calentarse en invierno. Muchos también son bares, puntos de encuentros para los vecinos donde comparten una agradable charla sobre fútbol o política acompañada de una cerveza. La cercanía y gentileza entre los lugareños del valle se siente en el ambiente. Se agradece acostumbrada a las formas y prisas de Madrid. En Campillo de Ranas se puede disfrutar de todo esto en el restaurante La Fragua, un lugar acogedor con buena comida casera.

Pero sin duda, uno de los puntos fuertes de la zona son los senderos y rutas que recorren el hermoso valle. La mayoría de los pueblos, además, están conectados entre sí y no es difícil llegar andando entre los que se encuentran más próximos. Esto nos permite disfrutar de paisajes únicos, en los que la vegetación propia de la zona (robles, jaras, zarzas…) y por supuesto, la pizarra, son los protagonistas de una de las zonas desconocidas de España que vale la pena descubrir: Pueblos negros llenos de color y encanto.

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