Sol sigue siendo morada

La noche del 22 de julio se cumplió un mes desde que un grupo de mujeres, trans y personas no binarias, decidieron tomar el Km 0 de la capital hartas de gritar sin ser escuchadas.

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“No sabíamos qué iba a pasar después de la manifestación de La Manada… que fue solamente la punta del iceberg. Nos sentamos porque estamos cansadas, agotadas, muy, muy, muy cabreadas. Con muchísima impotencia, rabia… Porque no valen ya las manifestaciones. No valen los minutos de silencio. No vale gritar basta. Hay que salir a la calle, tomarla. Decir esta calle es mía. Esta plaza es mía. Este cuerpo es mío. Yo decido. No es NO, y solo si es SI. Y parece que nadie quiere escucharlo. Que nadie quiere escucharnos. Que todo el mundo tiene algo que decir por encima de nuestras opiniones, de nuestros sentimientos, de nuestra integridad física, Y YA BASTA.

Cabemos todes, cabemos todas; racializadas, trans, personas no binarias. Cabemos gitanas. Cabemos de todas partes, de todos los sistemas oprimidos. Este es nuestro hogar. Esta nuestra plaza. Este es nuestro espacio. La calle es nuestra.”        

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Así de contundente comenzaba el acto conmemorativo después de pedir a los bailarines, frecuentes en la plaza, que pararan un rato su música y cedieran el espacio. Por fin, el barullo propio de la Puerta del Sol en pleno verano se calmó. Todavía se escuchaba de fondo la música callejera y el murmullo de turistas y transeúntes que rodeaban la escena junto a decenas de aliades que aquella noche, quisieron apoyar el minuto de silencio en honor a las víctimas de violencia machista.

Cincuenta y cuatro en lo que llevamos de 2018, y ni siquiera se cuentan a todes, ya que solo se consideran víctimas de violencia de género a las mujeres asesinadas por “sus parejas”. Una triste -e invisibilizadora- cifra que sigue creciendo ante la pasividad de las instituciones y nuestra consecuente rabia e impotencia ¿Qué se supone que deberíamos hacer ahora? ¿Asumir un sistema asesino e injusto? Por supuesto que no.

_MG_5317Esa noche, tras el minuto de silencio, fueron saliendo a hablar una tras una muchas de las personas que allí se concentraban. Megáfono en mano y arropadas por el calor de la acampada, relataron en voz alta sus experiencias; agresiones que habían presenciado y conseguido parar, los cuidados a las víctimas de ataques machistas que habían acudido al nuevo punto morado… y sí, también sus propias pesadillas; abusos y violaciones de familiares, vecinos y amigos cercanos… De personas en las que se supone que una puede confiar: “Ese primo tan majo que caía tan bien a tus padres pero que aprovechaba a estar a solas para meterte mano…”, decía una de elles al narrar su historia.

Sus palabras retumbaban en nuestras conciencias. De una forma u otra, todes hemos sufrido, en mayor o menor medida, ese tipo de agresiones por el simple hecho de nacer y sentirnos mujeres. Elles, muches por primera vez, tuvieron la valentía y fuerza de salir ahí y hablar de lo que les había sucedido… hablar sin miedo de lo que nos sigue sucediendo.

Algunas personas no pudimos contener las lágrimas viéndolas emocionarse, derrumbarse, consolarse y levantarse unes a otres al romper con el silencio cómplice de esta sociedad enferma. Una manera de poner fin, tras mucho sufrimiento, a la maldita culpa que después de vivir todo eso, encima te marca de por vida… así nos lo ha inculcado este sistema, perfectamente engranado para proteger a los verdaderos culpables; esos miles de depredadores que aún campan a sus anchas amparados por la justicia heteropatriarcal.

_MG_5213Sin embargo, como dijo otra compañera: “El patriarcado no contaba con que nosotres nos íbamos a juntar e íbamos a hablar”. Esta lucha centenaria, el feminismo construidos por miles de mujeres a lo largo y ancho del planeta, ha contado y cuenta con una poderosa arma sin la que no podríamos continuar: nuestra sororidad. Fortalecida día tras día por las redes de cuidados y apoyos que tejemos entre nosotres revelándonos contra la competitividad preestablecida. Creando lazos entre los diferentes feminismos que conllevan la reflexión, deconstrucción y construcción constante para avanzar en el camino del respeto y del cuidado hacia une misme y hacia el resto.

Juntándonos, hablando, compartiendo, (des)aprendiendo les unes de les otres… así es como identificamos nuestras opresiones y reconocemos nuestros privilegios para poder desprendernos de ellos. Así es como crecemos y nos hacemos fuertes hasta que llegue el día, en el que, como ya hemos ido advirtiendo, el miedo cambie de bando. Pues, esta fuerza, la de todes juntes, ya no hay quien la pare…

_MG_5257Como concluía la compañera en el discurso inicial: “Nos habéis demostrado que ya no vale la paz. Que queremos hacer la paz, pero si hay que estar en guerra, nosotras vamos a combatir juntes, y esto lo vamos a derribar. El sistema patriarcal se va a caer”.

Antes o después, LO VAMOS A TIRAR.

 


VER EL VÍDEO DEL DISCURSO  AQUÍ


 

FOTOGALERÍA

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