Solidaridad y redes agroecológicas

Usman, agricultor de la finca ecológica

Usman llegó desde Mauritania en 2003 para intentar ayudar a su familia. Por entonces, la crisis climática ya se empezaba a notar, y vivir de la ganadería o la agricultura era cada vez más difícil. “Ahora está peor”, señala. “La gente que migra no solo lo hace para tener una vida mejor. La gente está migrando porque sus recursos naturales se han agotado totalmente. Si no tienes animales, ni cultivos para sobrevivir… Vas a buscar ayuda”, explica con el cuchillo y unas cuantas coles chinas recién cortadas en la mano.

Cortando las flores

Desde hace más de 7 años trabaja la tierra en un terreno alquilado a las afueras de Madrid, distribuyendo la verdura ecológica a grupos de consumo y particulares en la ciudad. Este año, debido a la crisis del coronavirus, la situación se ha complicado. Durante el primer mes de confinamiento no pudo ir a la huerta y parte de los cultivos se perdieron. Era imposible hacer los repartos semanales y además, sufrió 2 robos en la caseta que le dejaron sin nada de material, ni maquinaria para poder cosechar.

Por suerte: “La gente ha sido muy generosa”, confiesa agradecido. “He recibido donaciones para comprar un nuevo motocultor y una desbrozadora”. Gracias al apoyo colectivo mediante esta caja de resistencia, y al trabajo de las personas de su entorno y de los miembros de los grupos con los que colabora, el proyecto de La Huerta de Usman ha podido reiniciar su actividad. Además, también decidieron donar la verdura que no se ha distribuido durante la cuarentena, al banco de alimentos ‘Los Dragones de Lavapiés’. Después de casi 3 meses, con la llegada de la nueva fase, por fin han podido hacer el primer reparto de cestas.

Jorge quita las malas hierbas del invernadero

Como casi todos los días de la semana, Usman, y otras personas voluntarias que le están ayudando, madrugan para aprovechar las horas de menos calor en la finca, situada en el Parque Agroecológico Soto del Grillo. Jorge, uno de los voluntarios que le acompañan, es formador en buenas prácticas ambientales para empresas y organizaciones como Greenpeace. Fue uno de los primeros participantes en el grupo de consumo Raíces, creado hace 5 años en Madrid, con el objetivo de consumir de temporada, ecológico y de proximidad, además de apoyar un proyecto de autoempleo.

Voluntarias y miembros del grupo Raíces preparan las cestas para el reparto

Fue la cooperativa Tresbolillo, la que años antes había adquirido la cesión de este terreno, pagando un bajo alquiler anual al Ayuntamiento de Rivas, para llevar a cabo un proyecto de agricultura ecológica subvencionado por la Unión Europea. Cuando la cooperativa se disolvió hace 3 años, Usman se quedó con la cesión de la tierra como agricultor para este y otros grupos de consumo. Las participantes de Raíces pagan una cuota mensual y se organizan de manera autogestionada turnando el reparto de tareas.

“La base de las cestas son las verduras de temporada. En invierno eso es en Madrid: patata, haba, patata, haba… En verano: mucho tomate, pepino, etc… pero a ver, no hay piña. Lo que no da la huerta aquí, pues no hay de donde sacarlo”. Aunque el grupo no es vegetariano ni vegano, por lo que realizan pedidos a otros productores de huevos o carne ecológica… De manera muy puntual, también se alían junto a otros grupos de la RAL (Red Agroecológica de Lavapiés), para traer por ejemplo cítricos de Valencia. “A mí el grupo me ha enseñado a comer, y a cocinar muchos platos con la misma base. Además no hay color con el sabor de las verduras del supermercado”, explica Jorge.

Laura recoge habas en la huerta

Para Laura, otra voluntaria y participante de Raíces, el motivo principal es “que lo que comamos esté lo más cerca posible para evitar todo el impacto y toda la huella. Podemos comer tomates todo el año de los invernaderos de Murcia, pero realmente no es un modelo que tenga en cuenta ni a las personas ni a la tierra”. También dice que se come mucho más saludable (al evitar los agrotóxicos) y además, con las personas del grupo “supone establecer una especie de red, como una familia, donde te organizas en deseo a lo que quieres consumir y el modelo de vida que quieres construir. Donde lo colectivo y la participación están por encima de otros valores, como el lucro económico”.  

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